Estuve ayer (12 de enero) en una charla sobre Comercio Internacional. El título era El Comercio Internacional nos Afecta y fue en la sala Luis Ajuria, de la Caja Vital.

Forma parte de un ciclo de charlas que promueve Erdu (el servicio del ayuntamiento de apoyo a las asociaciones) los primeros jueves de cada mes. La temática es social y está abierta a las asociaciones que deseen convocar. La de ayer la convocaba el Foro Rural Mundial, y los ponentes eran el presidente de la Coordinadora de ONG’s, una representante de Intermón-Oxfam en Madrid y una representante del Foro Rural Mundial.

A pesar del título, fue una charla técnica, ya que hablaron (la Coordinadora de ONG’s) sobre los objetivos del milenio de la ONU, sobre la Organización Mundial del Comercio (el Foro Rural), y sobre la Conferencia Ministerial de Hong-Kong (Intermón-Oxfam). Se centró en explicar el comercio internacional y no tanto en cómo nos afecta directamente o qué se puede hacer desde nuestras realidades.

Sin embargo, los ponentes fueron de mucha calidad, y los asistentes pertenecían a colectivos, asociaciones, voluntarios,… y las preguntas finales fueron de cierta calidad y conocimiento, aunque de nuevo muy críticas con los gobiernos, las organizaciones, las transnacionales… pero no muy concretas a mi gusto…

Ahora, alguna reflexión

Por un lado, existe un poso de profesionales, voluntarios, asociaciones,… al que no llegamos tan fácil y que (según creo) debemos acceder, como Iglesia y como jóvenes. Es importante que nuestras actividades, charlas, ideas,… se contrasten con el tejido asociativo y con las personas voluntarias (especialmente si no son creyentes o no participan en la Iglesia), para crecer juntos, compartir iniciativas, fortalecernos,…

Por otro lado, y alguna vez lo he comentado, si queremos llegar a un colectivo amplio no creyente, posiblemente deberemos ir más desde el aspecto social que desde el teológico. Ayer, en la charla, me planteaba qué de específico podríamos dar en Itaunka para que fuera diferente… y evidentemente hay muchas cosas, desde nuestras motivaciones a la justicia (no es caridad, sino fraternidad… que estaba presente en la Revolución Francesa, pero se ha perdido en la sociedad esa categoría) hasta nuestra intención de implicarnos concretamente, transformar y participar desde todos los ámbitos.

Por ejemplo, un ejemplo. En los Focolares se inició una experiencia de economía (Economía de Comunión) proponiendo que las empresas dividieran los beneficios en tres partes: una de ellas iría para crecimiento de la propia empresa; otra, para proyectos solidarios; y la tercera, para formación de personas que trabajen y colaboren en pos de la justicia, el desarrollo,… Seguramente hay muchas iniciativas como estas en otros colectivos, asociaciones, movimientos,… Pero si no las contamos, habrá gente que piense que el mundo no se puede organizar de otra forma que como está… y esto lleva, por un lado, a cierta desilusión (que conocemos perfectamente) y por otro, a perder fuerzas que podrían sumarse.