He encontrado este artículo de Emma Torralba en ecleSALia que, por sencillo y claro, nos llega como una bofetada.

Es curioso como el secreto de la vida eterna, según el Maestro, está lejos de ritos y fórmulas mágicas… y mucho más cerca de actitudes de servicio, de acogida y de sanación/salvación.
Sin embargo, con un gesto entre atrevido y provocador, preguntamos, como queriéndonos justificar:

…y ¿quién es mi prójimo?

Tengo yo de eso… Mira que cumplo todos los mandamientos desde niño e incluso doy sustanciosas aportaciones a obras benéficas. ¿No me será suficiente?

Y es interesante cómo, el Maestro, seguramente con un toque de cariño y sorprendido de que no haya quedado suficientemente claro con la anterior respuesta, devuelve la pregunta con un ligero cambio…

¿Quién se comportó como prójimo de aquella persona?

En el fondo, precisa de cierta actitud de búsqueda para alcanzar la vida eterna… y de meter las manos hasta los codos en harina… y dejarnos de teorizar tanto.

Anda, ve y haz tú lo mismo